LLANTO TANTO
Te soñé joven,
sin afeitar,
hablando con tu voz cascada
(como la mía),
fumando,
echando a volar los dedos,
soplando humo,
de pelo largo,
de polera gris,
de jeans,
con botas,
sentado en una silla,
con el codo recostado sobre la mesa,
redonda con mantel,
como de bar
a contraluz,
de pelo largo, joven.
Y en el sueño pensaba
¡Lo que hubiera perdido
si él no estuviera vivo!
Si algo hubiera después,
aunque descreo,
espero que no me separen de mí,
temo andar a oscuras por la muerte.
No sé qué hablabas,
pero era como melodía viva,
tonos, algún agudo, alguna risa
como la que resuena cada tanto
en mí,
la que viene de las cavernas,
como el recuerdo más claro,
cuando me río para recordarte.
Espero que me dejen llevarme,
no sé cómo andar sin mí,
sin nuestra voz y carcajada.
Que pueda llevarme al otro lado,
para llevar el recuerdo de un nombre,
y una memoria de memorias,
lo que me dejaste.
Porque si me llevo,
te llevo conmigo.
Padre mio,
oh, padre mío.
ALEJANDRO LUNADEI
Adelina, 11/03/1999, 10.45 hs.
Al viejo, quien se hubiera emocionado a escondidas.